La idea de construir un edificio en altura en la actual playa de estacionamiento de la municipalidad tendría como costo significativo la demolición de una de las obras más antiguas del microcentro bahiense, erigida a fines del siglo XIX, donde funcionaran las primeras comisarías locales y el primer servicio sanitario municipal, base del actual hospital municipal. Sin dudas, por ser un bien propiedad del municipio, su mantenimiento y preservación aparece como fundamental a la hora de conservar aquellas obras que dan cuenta de nuestra historia, las huellas del pasado que nos permiten apoyan con más firmeza nuestras pisadas hacia el futuro.
La posibilidad de sacarle redito a ese terreno no pareciera ser adecuada en este caso. De ninguna manera un buen negocio inmobiliario debe estar por encima del cuidado de estos bienes.
La otra posibilidad es desarrollar algún proyecto que supiera respectar la construcción existente, aprovechando las ventajas que sobre el uso del centro libre de manzana otorgará el nuevo Código de Planeamiento Urbano, aunque en este caso habría que evaluar el impacto visual que generará sobre la fachada posterior del palacio municipal, aunque esas visuales ya se han perdido en su gran mayoría.
Como ejemplos de intervenciones sobre edificios históricos, acaso una de las más singulares sea la desarrollada por el arquitecto inglés Norman Foster en New York, para la Hearst Corporation. La tradicional firma norteamericana decidió construir su nueva sede en base a un edificio de última tecnología pero manteniendo hacia la calle el inmueble original de la compañía, una obra art déco levantada en 1928.
El resultado, extraño si se quiere, es una muestra de como resolver este tipo de situaciones, con un resultado particular pero que, en este caso, conformó al propietario y a las autoridades de la ciudad.
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| Hearst Tower, obra de Norman Foster en New York: un edificio de última generación emerge del interior del histórico inmueble art déco |