12 de mayo de 2009

El Portalazo (1942)


El dibujo del proyecto firmado por Aguilar, 1942

En 1942 el entonces intendente Jorge Aguilar, de profesión ingeniero civil, decidió dotar de una fachada-acceso al parque de Mayo, teniendo en cuenta que por entonces una muy modesta tranquera indicaba el ingreso principal al paseo. El resultado fue un diseño de líneas coloniales, por entonces asumidas por algunos profesionales de la arquitectura como verdadero lenguaje arquitectónico nacional, derivada su estética del arte barroco.


Una postal de fines de los 50, donde aparece el portal pintado de rosa.


Cuadro que muestra la obra en ejecución. Puede verse en el hall del teatro Municipal.

Presentada la obra, hubo una inmediata reacción de los integrantes de una Comisión de Estética Municipal, formada por un grupo de prestigiosos profesionales que asesoraba al municipio en cuestiones de estética urbana. Primero, por no haber sido consultados sobre los lineamientos de la obra. Segundo, porque en muy poco los convención como propuesta artística. En repudio a las formas, decidieron renunciar a esa comisión todos sus integrantes, entre ellos los arquitectos Raúl Costa Varsi y Manuel Mayér Méndez, y el ingeniero Manuel Vallés. En pocos meses Aguilar terminó su obra, dejando un portal que con el tiempo se ha convertido en una de las postales de la ciudad.

9 de mayo de 2009

Casas y cosas



11 de Abril y 12 de Octubre. Un mal remate de una calle.
Existe buena y mala arquitectura. Como en cualquier otro arte. Los parámetros para definir una y otra no son simples y en muchos ejemplos que se analicen posiblemente los juicios sean dispares. En particular en nuestra ciudad ha ocurrido en los últimos cinco años un verdadero "boom" de la construcción, que derivó en la aparición de decenas de edificios multifamiliares. Nadie ha realizado un análisis de que tipo de arquitectura quedó de esta singular etapa de la construcción de la ciudad, aunque una primera lectura permite asumir que no son muchos los buenos ejemplos que se puedan mostrar y si varios los que realmente uno puede cuanto menos cuestionar en cuanto a su resolución. En este punto de tomar partido, el ejemplo que acompaña este comentario es posiblemente de los que se pueda colocar de las resoluciones inadecuadas. Porque además de ciertas formas adoptadas, aparecen con el uso ciertas cuestiones que perjudican aún más la resolución, con balcones-tendederos-bicileteros que poco favor le hacen a la obra y al entorno.

8 de mayo de 2009

El Castillo de White

De paseo por Ingeniero White uno no puede dejar de sentirse conmovido cada vez que tiene oportunidad de ver el viejo edificio que alojara a la que fuera Usina eléctrica de nuestra ciudad a partir de 1932 y hasta entrada la década del 90. Nos referimos a la usina "San Martín", popularmente conocida como "El Castillo". Declarado Patrimonio Provincial y propiedad del municipio, sigue pasando el tiempo sin que se logre poner en marcha un plan de intervención que permita recuerpar esta verdadera maravilla de la arquitectura portuaria, singular en sus formas, y testimonio de la historia de la ciudad.


El anuncio de la obra, 1928


La estructura del castillo es una tradicional pero por entonces muy adelantada obra de hormigón armado, 1931


El impactante espacio interior, en la sala de los dinámos. Estos sitios son hoy inaccesibles por su pésimo estado.

La obra fue construida por la compañía "Empresas Eléctricas de Bahía Blanca" entre 1928 y 1932, como respuesta a la exigencia del municipio de construir una nueva usina (en lugar de la que operaba en Loma Paraguaya) a esta firma de capitales italianos que tomó la concesión del servicio eléctrico que desde principios del siglo XX estaba en manos de las empresas ferroviarias inglesas (Buenos Aires al Pacífico (1907-1924) y Ferrocarril del Sud (1924-26)).
A pesar de que muchos refieren a su estilo como inspirado en el gótico, sobretodo por la aparición de arcos ojivales, el mismo responde a los lineamientos de la arquitectua medieval propia del Románico lombardo, lenguaje adoptado por la Compañía Italo Argentina para sus usinas, estaciones y subestaciones, tanto en la ciudad de Buenos Aires, como Bahía Blanca, siendo una de las primeras empresas en adoptar una imagen corporativa a través de su arquitectura. A fines del siglo XIX, ese estilo era considerado como un estilo nacional en Italia.
El edificio de Ingeniero White fue diseñado por el arquitecto Molinari y si bien su terminación exterior simula ser una construcción en piedra, de acuerdo a los modelos del medioevo, se trata de un revoque de varias tonalidades aplicado sobre una tradicional estructura de hormigón armado.
El Castillo de Ingeniero White se encuentra desde hace casi dos décadas en completo abandono, sin posibilidad además de ser visitados sus impactantes espacios interiores debido al mal estado general de la obra.


Vista actual del edificio desde las vías que conducían al muelles de los desaparecidos elevadores de chapa.


Vista de la fachada, con la escultura San Jorge y el Dragón, de Troiano Troiani


Estado de las vidrieras

5 de mayo de 2009

Pilar reloj sirio libanés


El reloj coronando el pilar, con un chalet como fondo. El señor del auto: Opdulio De Robles.

Ubicado en el parque de Mayo, el bautizado "Pilar Reloj" fue el monumento donado por la colectividad sirio libanesa a Bahía Blanca, en ocasión de celebrar la ciudad sus primeros 100 años de vida. A diferencia de los ingleses e israelitas, que ubicaron sus obras por tal fecha en la plaza Rivadavia, o los italianos, que lo hicieron en la plazoleta del teatro Municipal, esta numerosa colectividad decidió colocarlo en el entonces denominado "barrio Parque Adornado", el primer barrio parque de Sudamérica.


Vista actual del pilar

La propuesta fue por demás novedosa y utilitaria: un pilar que en su parte superior sostenía un últil reloj de cuatro cuadrantes, elemento de suma utilidad para quienes concurrieran a pasear al lugar. Una de las novedades de la máquina es que la misma era alimentada por medio de energía eléctrica, como así también la colocación de luces en el interior para que también de noche pudiera ser visto sin dificultades. Inaugurado el 11 de abril de 1928, el reloj duró lo que un suspiro. El entonces llamado "elemento travieso" se encargó en pocos días de romper cada una de las caras del reloj, utilizando gomeras, piedras lanzadas a mano y hasta algún tipo de revólver. Pese a que los sirios se encargaron de reponer el reloj (una vez), el mismo fue nuevamente destruido, por lo cual hoy es difícil entender que función tenía esa construcción. "Esa columna que tiene una peluca en la parte de arriba", me comentó, por caso, uno de mis hijos en cierta oportunidad.




Por eso el valor de la fotografía que acompaña este comentario en la parte inicial, una de las pocas donde, efectivamente, se advierte el reloj, además de tener como fondo uno de los tres chalets que llegaron a construirse en el barrio.
La posibilidad de reponer el reloj ha quedado, valga la paradoja, "perdida en el tiempo", porque, de hacerlo, nadie duda que posiblemente el elemento travieso mejoraría el record que empleó hace 80 años en romperlo.

4 de mayo de 2009

Más bancos

Un post abajo mostramos la singular estatua de John Lennon en La Habana, Cuba, con el bronce recreando en escala natural la figura del recordado integrante de los Beatles, sentado en un banco de la plaza. Para ampliar el tema, vale señalar otros de los muchos los ejemplos del mundo desarrollados a partir de esta idea.


El cómico Alberto Olmedo, en Rosario.


Abraham Lincoln en Bloomington, Illinois


El escritor Patrick Kavanagh, en Dublin, Irlanada


Benjamín Franklin, leyendo el diario en la Universidad de Pennsylvania

Arnold Averbach, legendario DT de los Boston Celtics, en la NBA

Arquitecto Antonio Gaudí, León, España.

Franklin Roosevelt y Winston Churchill, Londres

2 de mayo de 2009

Bancos y colores

En una de las últimas entradas, se hizo referencia a los bancos colocados en la nueva peatonal Drago, teniendo entre los comentarios uno que decía: "hubieran puesto troncos de árbol que son mas baratos ya hasta gratis". Como un ejemplo de esa propuesta, podemos ver un modelo de tronco-banco existente en el frente de una vivienda de calle Nicaragua al 900, el cual conforma un modelo orgánico, natural y (a la vista) cómodo para ofrecer descanso al caminante. Es cierto: se ha cortado un árbol, pero bueno...no siempre se puede tener todo.


Barco-tronco: económico, orgánico, natural, cómodo.

De paso, como para darle un toque internacional y nostálgico a este modesto post, comparto este otro banco, colocado en una plaza de La Habana, en Cuba, construido en bronce en memoria de John Lennon. Notese el cuidador que durante las 24 horas se mantiene junto a la figura, para evitar que (una vez más) le roben las gafas al fantástico Beatle que supiera escribir cosas como aquella de "La vida es algo que nos ocurre mientras estamos ocupados en otras cosas". Fin.


Lennon en Cuba, con cuidador las 24 horas.

1 de mayo de 2009

Calçada portuguesa para las plazoletas del teatro Municipal


Copacabana, Río de Janeiro, Brasil

Una de las maravillas artesanales existentes en Bahía Blanca es sin dudas el piso de las plazoletas Payró y Garibaldi que rodean al teatro Municipal. Se trata del único ejemplo local del uso de la denominada Calçada portuguesa, mosaico cuya colocación y diseño es originario de Portugal y muy aplicado en ese país europeo para la pavimentación de paseos y espacios públicos.
La Calçada portuguesa resulta de la colocación de calcetamento con piedras de forma irregular, generalmente cálcareo y basalto, que por su pequeño tamaño admite ser usada con fines decorativos, aprovechando el contraste de sus distintos colores. Los más tradiciones son el preto y el blanco, aunque también son populares el castallo y bermellón. En ciertas regiones de Brasil se las encuentra en azul y verde. En Portugal los trabajadores especializados en la colocación de calçada son los maestros calceteiros, quedando un número todavía importante con escuelas que enseñan ese tradicional trabajo.


Calceteiros en acción, en Lisboa

En Brasil fue uno de los materiales más utilizados en el paisajismo del siglo XX, debido a su flexibilidad de montaje y composición plástica. El ejemplo más popular la calzada de la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, cuyo dibujo evoca las ondulaciones propias del océano. La calçada portuguesa fue utilizada por primera vez en ese país en 1842, en un trabajo realizado por presidiarios (llamados "grilhetas" en su época) al mando del Gobernador de armas de Castelo, Teniente-general Eusébio Pinheiro Furtado, quien decidió utilizar ese pavimento con un trazado simple (tipo zig-zag) que resultó inédito para la época, al punto que los diarios se ocuparon del tema. Después de esa primera obra, Furtado utilizó el sistema para pavimentar la Plaza do Rossio, en Lisboa, de una extensión de 8.712 m². La calçada rapidamente se expandió por todo el país y sus colonias, como algo de moda y de buen gusto, con un sentido artístico y funcional, sobre todo para las zonas peatonales. Desde entonces este arte atravesó fronteras, siendo solicitados maestros calceteiros para ejecutar estos trabajos en el extranjero. El pavimento se destaca por su durabilidad, resistencia, regularidad de la superfície y facilidad de mantenimiento y limpieza, además de su atractiva estética.



Modelos portugueses

Los dibujos que podemos observar en estos pisos son el resultado del trabajo de asentar los moldes, contornados con piedra de un color, siendo despues levantados y completados los vacíos con una piedra da color contrastante.

Las plazoletas bahienses
Los pisos de las plazoletas Payró y Garibaldi, además de las veredas del teatro Municipal, fueron realizados en 1932, de acuerdo a una propuesta del ingeniero civil Adalberto Pagano, y conforman un conjunto de guardas que da una unidad al conjunto. A pesar del paso del tiempo se encuentran en muy buen estado, y es realmente gratificante ver como hasta el más mínimo detalle fue resuelto por este sistema, incluídas las tapas existentes o los bordes de los monumentos.
Si bien el teatro Municipal y las plazoletas ya están inventariadas en el patrimonio bahiense, sin dudas merecería un renglón propio este singular solado que aporta diseño, calidad constructiva y originalidad.

Vereda del teatro municipal. Pavimento portugués en Bahía Blanca.





Plazoletas del teatro Municipal, detalles.

La ciudad que ni recordamos

Si bien es habitual pensar que la demolición de viviendas en Bahía Blanca comenzó en la década del 80, la realidad indica que fue a partir...