25 de octubre de 2009

Baldosas de marca

Lo hemos mencionado varias veces en este espacio: la sana costumbre de recorrer la ciudad elevando la vista, mirando hacia arriba, superando la mirada standard de 1,50 para así disfrutar de otra urbe, una arquitectura que ha sobrevivido a ciertos cambios, con singulares remates, elementos decorativos, molduras. Pero también existe otra ciudad, la que se mueve (quieta) bajo nuestros pies, y que también tiene lo suyo para contar. En este caso, la "marca", la firma de varias veredas resueltas con baldosas elaboradas en fábricas locales. Son piezas pequeñas, modestas, elementales. Pero su valor es altísimo. Abiertas las puertas de este blog para recibir fotos o indicios de otras.


Así aparecen, solitarias, casi perdidas. Es la "marca en el orillo" de los hacedores de mosaicos que supiera tener la ciudad.







De paso, Cortázar


De pibes la llamamos la vedera
y a ella le gustó que la quisiéramos.
En su lomo sufrido dibujamos
tantas rayuelas.

Después, ya más compadres, taconeando,
dimos vueltas manzanas con la barra,
silbando fuerte para que la rubia
del almacén saliera a la ventana.

A mí me tocó un día irme muy lejos
pero no me olvidé de las vederas.
Aquí o allá las siento en los tamangos
cómo la fiel caricia de mi tierra

Veredas de Buenos Aires, Julio Cortázar

24 de octubre de 2009

Llamadores

Las costumbres han cambiado, junto con los diseños y la tecnología. De aquella modalidad de llamar golpeando las manos, pasando por los llamadores o los timbres, testimonios de esas modalidades conviven en nuestra ciudad. Es el caso de esa puerta de calle Dorrego al 300, donde una mano en bronce comparte la añosa puerta con un portero eléctrico, debidamente protegido del accionar de cacos y vándalos.


La mano que mece la puerta


Portero antivándalos.

Casonas con historia.

17 de octubre de 2009

Barraca El Mirador

En la avenida Parchappe y Pellegrini se ubica el histórico edificio que albergara la barraca "El Mirador", fundada por don Bartolomé Tellarini en 1886.
Poco y nada queda de la fachada original, aunque su torre ha mantenido su arquitectura original, con lo cual se hace sencilla su identificación.
Ubicada en la entonces llamada "calle Circunvalación", en 1914 el inmueble salió a remate, "por orden de la comisión interventora de los Sres. Bartolomé Tellarini e hijos", con una base de 138.000 pesos, ofreciendo, de acuerdo al aviso respectivo, "importantes instalaciones, suntuosos edificios, grandes galpones y desvíos".
"Bartolo" Tellarini, según lo llamaban sus amigos, falleció en 1926. Fue velado en la propia barraca y su ataúd transportado a pulso hasta el paso a nivel del F.C. Sud, donde fue colocado en la carroza fúnebre. Enrique Julio, Miguel Bonzini, Arnaldo Lejarraga, Ricardo Plunkett, Emilio del Punta, Avelino González Martínez, Juan Carlos Miranda, Haroldo Casanova, Luis Harrington y Humberto Régoli, entre muchos, acompañaron sus restos.
En épocas de casonas chatas, la torre del edificio permitía visuales largas, llegando a distinguirse desde su interior las torres del municipio y la catedral.
En 1958, el lugar fue ocupado por la firma W. y E. Wojszko, que destinó sus 4.500 metros cuadrados al almacenamiento y despacho de madera "en gran escala".


La barraca El Mirador en 1936, al celebrar sus 50 años.


Vista actual del edificio, Parchappe y Pellegrini

Mirador, detalle

11 de octubre de 2009

Casas que se van: Rodríguez 29

No son casas del inventario patrimonial "oficial", aunque claramente forman parte de la historia local, luego de décadas de estar presentes en las calles bahienses. En este caso una casona ubicable en la década del 50, realizada por la empresa de J. Sisti-J- Nisi, cuya firma aparece en numerosas edificaciones de la ciudad. La demolición ha comenzado esta semana y en pocos días el generoso terreno servirá para ubicar una cochera. Junto con la casa desaparecerá un generoso quincho y una piscina. Una casa de estilo moderno, con algunas cuestiones art déco, incluida una planta alta resuelta con una arista curva que simula ser la proa de un barco que busca la calle. Una casa que fue parte de la última cuadra adoquinada del centro. Una casa que se va, un barrio que cambia.


"Barrio reo, campo abierto
de mis primeras andanzas,
en mi libro de esperanza
sos la página mejor".

(De Barrio Reo, Navarrine-Fugazot)



Rodríguez adoquinada, la casona testigo.


Detalle de la planta alta: la proa de un barco listo a partir.


Ultimas imágenes del naufragio: chaperío y demolición.



Detalle art déco

10 de octubre de 2009

Arquitectura al rojo (vivo)


Sobre el histórico arroyo Napostá (Gentileza Héctor Herro)

La llegada o desembarco de la compañía de ómnibus Plaza a Bahía Blanca, en enero de 2009, incorporó un colorido componente en la geografía urbana, aportando poco más de 150 unidades rojas que recorren la ciudad con sus distintas líneas. Una forma de mostrar a este nuevo habitante vehicular es variando sus telones de fondo, recurriendo precisamente a la arquitectura, ese "arte inevitable" que se nos presenta cada día en la ciudad, para deleite o tristeza de todos sus habitantes.


El edificio que fuera sede el ex Banco Español del Río de La Plata (actual sede de la Bolsa de Comercio), levantado 1908. Diseño de Carlos Agote, empresa constructora de Antonio Gerardi. Puesta en valor a cargo del arquitecto Jorge Gazaneo.


Estación Bahía Blanca del ex Ferrocarril del Sud, habilitada en 1884. Un rico paisaje ferroviario de cubierta sobre andenes, casilla de señales, señales y otras yerbas.


Al fondo, el edifico Taberner, uno de los primeros "rascacielos" bahienses, inaugurado en 1959. En primer plano, hoy desocupado, el inmueble que sirviera para alojar el Hotel Sudamericano en 1909 (Luego fue el Gran Hotel Atlántico, el Ocean Hotel, el Centro de Compras y la Cooperativa Obrera y Ventura)..




En primer plazo, a la izquierda, uno de los transformadores de la empresa de electricidad, desparramados por toda la ciudad. Al fondo, el edificio ladrillero de la que fuera la barraca Segatori, hoy reconvertida en vivienda multifamiliar.



A la izquierda el edificio "San Martín", de fines de los 50, uno de los primeros destinados a oficinas de la ciudad. Diseñado por el arquitecto Raúl Costa Varsi, es popularmente conocido como "la Comercialina", tal el nombre de la confitería que durante muchos años funcionó en su terraza. A su derecha, retirado de la línea municipal, el Palacio comunal, construido entre 1905 y 1909, según un diseño del estudio platense Corti-Coutaret y la construcción de Nicolás Pagano.

23 de septiembre de 2009

María y la Casa de los Gatos


La María de los Gatos.


Estuvo ahí por años, abandonada. Una de las tantas casonas de la ciudad, en este caso en la primera cuadra de calle Villarino. Sus aberturas tapiadas buscaban evitar alguna usurpación o daban cuenta de un futuro incierto. Quienes pasaban por el lugar solían escuchar en su interior muchos gatos ("De cuatro patas", según aclara Adriana, sentida colaboradora y visitante de este blog), a quienes alguien se encargaba de alimentar. Esa persona, de acuerdo a las pintadas que fueron apareciendo en la fachada de la vivienda, fue bautizada como "María de los gatos".

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"Me daba lástima el abandono. Pero un día el ingenio y el buen arte de alguien le puso color y...poemas al lugar. Era lindo verlo y a pesar de pasar cada día por el lugar nunca pude ver al autor de esos trabajos", cuenta Adriana.

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El Collage de Pipo, antes y después



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La casa un domingo, horas antes del adios



(Gentileza Adriana)
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Desde hace pocos días la historia tomó otro rumbo. Y esta curiosidad artística ya es parte del pasado, y de estas valiosas fotos tomadas pocas horas antes del adios. Primero un cartel de obra, luego un portón que se abre, unos volquetes y la casa borrada en pocas horas de la geografía urbana. Nada ha quedado de ese arte. Destino incierto el de los gatos.
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"Por un tiempo pasaré por otro lado...", asegura Adriana.

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Los poemas




Los detalles











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Pipo, a esta altura un hermano en esta pasión por la ciudad, detectó también esta perdida. Sacó fotos, armó un collage (ver arriba), y acá tenemos sus sentires.
"Otra vieja casa que nos deja, en su lugar construirán algo, por suerte!, porque es común que demuelan para dejar un baldío deplorable. Pero esta casa no solo se va, se lleva consigo una historia: la de "La María de los gatos" tal como lo contaban sus paredes. Si alguno sabe algo de esta historia, agradecido. La reja que aparece bajo el dibujo de María es similar a las del templo Valdense vecino a la desaparecida casa", cuenta.
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No era una casa del patrimonio. No significa este homenaje defender una vivienda ni querer congelar la ciudad. Son casas que nos dejan. Espacios que se van. Historias que se pierden. Dibujos que se caen. Colores que se olvidan. Espacios vacíos en la memoria que nos empujan, como a Adriana, a caminar por otros lados, unos días. Hasta que amaine la tristeza.
Son sitios que disparan historias. ¿Quién fue María de los gatos? ¿Quién pintó esos dibujos? ¿Dónde el arte y el olvido?.
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Dos poemas más,
A un gato

No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.
JL Borges, El oro de los tigres, 1972


Beppo
El gato blanco y célibe se mira
en la lúcida luna del espejo
y no puede saber que esa blancura
y esos ojos de oro que no ha visto
nunca en la casa son su propia imagen.
¿Quién le dirá que el otro que lo observa
es apenas un sueño del espejo?
Me digo que esos gatos armoniosos
el de cristal y el de caliente sangre,
son simulacros que concede el tiempo
un arquetipo eterno. Así lo afirma,
sombra también, Plotino en las Ennéadas.
¿De qué Adán anterior al paraíso,
de qué divinidad indescifrable
somos los hombres un espejo roto?
JL Borges, La cifra, 1981

17 de septiembre de 2009

La cosa cada vez más negra


El maravilloso barrio Inglés, importando de Inglaterra por el ferrocarril del Pacífico, 1908. Foto de época.


Los muros de ladrillo visto, pintados de negro, el color de la infamia.

Sabido es que por estas tierras bahienses el denominado Barrio Inglés comporta uno de los bienes más valiosos del patrimonio arquitectónico, histórico y cultural. En un desalentador estado de abandono y descuido, a pesar de estar habitados los 13 bloques de 4 departamentos cada uno, es habitual ver caer sus pizarras, ladrillos de las chimeneas y repetidas intervenciones totalmente inadecuadas. Por estos días, algunos de sus habitantes tomaron la insólita decisión de pintar los valiosos ladrillos de intenso color rojo traídos de Inglaterra de 1908, aplicándoles pintura negra en los muros que materializan la línea municipal. Atentados sin sentido ante la indiferencia oficial, las trabas burocráticas que encuentra un grupo de gente que intenta darle protección al conjunto y los males que siguen siendo moneda corriente por estas tierras. El barrio Inglés. Un hecho artístico de trascendencia y relevancia mundial. Cada vez más negro.


El negro que tapa el fantástico rojo de ladrillo, que suprime su rugosidad, que mata su belleza.
"Del carácter de los habitantes de Andria merecen recordarse dos virtudes: la seguridad en sí mismos y la prudencia. Convencidos de que toda innovación en la ciudad influye en el diseño del cielo, antes de cada decisión calcular los riesgos y las ventajas para ellos y para el conjunto de la ciudad y de los mundos". De La Ciudad Invisible, Italo Calvino.

La ciudad que ni recordamos

Si bien es habitual pensar que la demolición de viviendas en Bahía Blanca comenzó en la década del 80, la realidad indica que fue a partir...