9 de abril de 2009

Fortaleza Protectora Argentina


Dibujo de Roncoroni, recreando el fuerte fundacional

El 11 de abril de 1828, comenzó la construcción del fuerte fundacional, con una forma estrellada, de acuerdo a los planos entregados a Estomba por Juan Manuel de Rosas. Frente a esa obra se ubicó un espacio destinado a las carretas y otros elementos, a manera de gran corralón. Ese sitio es la actual plaza Rivadavia. El trazado del pueblo siguió los lineamientos que para todas sus colonias estableció España, con una plaza central alrededor de la cual se ubicarían los edificios principales y una organización en damero, con calles ortogonales y manzanas de cien metros de lado. Había nacido Bahía Blanca, la Nueva Liverpool, la ciudad de los siete puertos, la Puerta y Puerto del Sur Argentino, la chacra asfaltada, la Perla del Sud.

8 de abril de 2009

Acta fundacional


Dibujo publicado en 1928 por La Nueva Provincia, el cual recrea la firma del acta fundacional de la ciudad.


Acta fundacional, firmada por Estomba, Morel, Narciso del Valle, J. de Elías, Nicolás Pires, Polidoro Coulín, Narciso Parchappe, Martiniano Rodríguez y Pablo Acosta.

El 9 de abril de 1828, el coronel Ramón Estomba, nativo de Montevideo, de 38 años de edad, redactó el Acta Fundacional de Bahía Blanca, en una carpa montada a pocos metros del arroyo Napostá. Acto seguido invitó a algunos de los integrantes de la expedición fundadora a firmar el documento. Al día siguiente recorrería el lugar con el ingeniero Narciso Parchappe, para elegir el lugar más adecuado para el fuerte. "Se ha encontrado lugar que podía desearse para fundar un establecimiento que alguna vez tendrá importancia; campos excelentes de pastos; montes de leña inmensos; un puerto cómodo a una legua de la población", escribió a los pocos días Estomba al General Juan Ramón Balcarce, ministro de Guerra y Marina. En el diario de viaje, aquel 9 de abril de hace 181 años, agregó: "Toda la división se haya establecida en la parte occidental del Sauce Chico, a una legua del puerto que desde hoy tiene el nombre de "La Esperanza" y al pie del lugar elegido para la fortificación y la población (...) puede decirse, sin temor a equivocarse, que hemos reunido en un mismo punto, y a muy cortas distancias, buen campo y un puerto que exigirá muy poca obra para ser seguro y cómodo". Se había fundado Bahía Blanca.

7 de abril de 2009

El rostro del fundador (una historia)


Rostro oficial de Ramón Estomba, obra del comisario Aníbal Muñoz, 1980

En 1928 Bahía Blanca celebró su primer siglo de existencia y entre los muchos objetivos de aquella celebración se incluyó la voluntad de disponer de un retrato fideligno del fundador de la ciudad, el coronel Ramón Bernabé Estomba. Fue entonces que se contrató el retratista e investigador Juan Fonrouge, residente en La Plata, quien aceptó el encargo y de inmediato viajó hasta Montevideo para visitar a Irma Santurio Estomba, sobrina nieta del fundador, buscando algún retrato que pudiera dar respuesta al encargo. Las noticias recibidas los primeros días de marzo por los bahienses fueron alentadoras: Irma poseía una "miniatura" (unos cuadros típicos de la época) que permitiría conocer finalmente los rasgos de Estomba. Los primeros días de abril de 1928, Founrouge llegó a la ciudad con su cuadro bajo el brazo, lo presentó ante el intendente y el Concejo Deliberante. En medio de un gran auforia la obra fue colocada en el salón blanco de la municipalidad, cubierto con un lienzo, a la espera del significativo aniversario. Pero entonces sucedió algo inesperado.


La foto del cuadro publicada en La Nueva Provincia apenas llegó la obra a la ciudad, marzo de 1928.

Founrouge, orgulloso de su trabajo, publicó una foto de su obra en el diario La Prensa, de la Capital Federal, donde fue vista por un especialista en la materia. Grande fue entonces la sorpresa cuando el crítico se puso en contacto con las autoridades bahienses para informarles que el hombre del retrato no era Estomba sino que su imagen correspondía a Adolphe Edouard Casimir Joseph Mortier, duc de Trévise, mariscal del ejército de Napoleón Bonaparte, muerto en 1835, según un cuadro existente en el museo nacional de París, de la autoría de Charles Philippe Lariviére, que muestra al militar francés con su uniforme de capitán luego de la batalla de Nord, en 1792.


El Estomba trucho (izquierda) con el duque de Treviso (derecha), mariscal del ejército de Napoleón Bonaparte.

Citado de urgencia el amigo Fonrouge, intentó entonces explicar lo inexplicable y el escándalo-embuste-papelón quedó al descubierto. La copia era además tan burda, que no sólo reproducía el rostro del ajeno militar, sino que repetía además su pose, traje, banda, espada y hasta el menor de los detalles de la pintura original.
Manos piadosas retiraron en silencio el cuadro y el 11 de abril encontró a la ciudad sin el retrato tan deseado.
Fuera de esta singular historia, en 1978, 150 aniversario de la fundación de Bahía Blanca (año del Sesquicentenario), nuevamente se buscó disponer de un retrato de Estomba. Esta vez se recurrió al comisario-pintor de la policía federal, Aníbal Muñoz, quien procedió a realizar un "retrato espiritual" del fundador, inspirado en rasgos supuestos, propios de un hombre que vida sufrida como Estomba, aunque sin ningún rigor de realidad. De enormes ojos azules y luciendo las medallas ganadas en combate, ese es el "rostro oficial" de Estomba, el cual puede verse, por ejemplo, en la sala de sesiones del Concejo Deliberante.

6 de abril de 2009

Chaperío


Mitre al 300, chapas rotas y oxidadas

Suelen verse en Bahía Blanca estos verdaderos atentados contra la estética urbana que son los cercos de obra. Es cierta su calidad de elementos temporales, pero también es dable aceptar que forman parte durante mucho tiempo del paisaje del lugar y que poco y nada tienen que ver con una inversión generalmente importante como es una obra de construcción. La pregunta primera es, ¿porqué esa voluntad de las empresas constructoras-profesionales de ahorrar en un gasto menor cual es colocar chapas o maderas medianamente presentables en el cerco, las cuales, además, son luego recuperables?. ¿Porqué, además, esa voluntad de invadir más del 50 por ciento del ancho de la vereda cuándo el código de edificación es claro en la materia?. Cuestiones menores que se repiten en una ciudad que crece para arriba a veces con demasiada anarquía y, como mencionó un vecino del barrio Napostá (en referencia a las cloacas colapsadas), "con mucho de podrido abajo".

5 de abril de 2009

Ciclismo naranja



Para quienes llegamos a Bahía Blanca desde otras tierras, en mi caso desde El Palomar, en el gran Buenos Aires, no dejaba de llamarnos la atención algunas palabras ajenas a nuestro vocabulario y muy propias de esta ciudad. Así, la nuestra "cinta Scocht" acá era "Celoplín" o "Cintex"; tirar un "piedrazo" se decía tirar un "toscazo", comprar una "torta negra" en la panadería es pedir una "cara sucia" y los ómnibus que en Buenos Aires eran "masculinos" (yo tomaba, por caso, "el" 182 para ir a la mi escuela de Haedo) acá eran femeninos, tomar "la" 502. Bueno, todo esta lata introductoria simplemente acompaña para mostrar un ejemplo más de intervenciones desacertadas en frentes de casonas que lucen su muy prolijo revoque símil piedra, producto de aquella excelente mano de obra de los artesandos italianos o españoles, y que de pronto se pintan sin criterio alguno. Es el caso de este "Ciclismo", palabra también propia de estas tierras equivalente a la "bicicletería" porteña, de calle Mitre al 700, cuyo dueño decidió darle un toque naranja al sector que ocupa (quizás ocupaba porque siempre lo veo cerrado), afectando su estética de una manera penosa. A lo mejor ni se dio cuenta de la macana, pero... (usando el pero al final, acaso la expresión más bahiense que exista).

3 de abril de 2009

Casas que nos pasan



Cierta vez un hombre decidió pintar el frente de su casa. Cruzó entonces la calle y tocó el timbre a su vecino. "Voy a pintar mi casa de color naranja, ¿Qué le parece a usted?", preguntó el hombre. "No sé, es su casa...", contestó el vecino. "Es cierto, pero usted rd el que la va a ver todos los días...". Ese es un principio de solidaridad urbana, de compromiso barrial, de resposabilidad estética con una ciudad. Porque las fachadas exceden la calidad de propiedad privada para pasar a ser parte de un paisaje urbano que compete a todos, afecta (para bien y para mal) el ánimo del paseante, realza el valor de las casas vecinas o lo deprime. Debiera existir una formación cultural que genere esa conciencia pública. Como no todos tienen porque saber sobres estas cuestiones, en algunas ciudades (Bahía Blanca la tuvo) existen algunas "comisiones de estética urbana", que para determinadas intervenciones que consideran propias del bien comun, opinan con sano criterio. Toda esta reflexión para este frente de calle Lavalle, a metros de Corriente, foto gentileza de Héctor Herro, cuyo ocupante ocasional no tuvo empacho en pintar de dos colores, fuertes, clavar una moto en el frente y modificar estéticas. Casas que nos pasan en una ciudad que (demasiadas veces) nos llena de fastidio y más fastidio.

Releo a Italo Calvino en Las Ciudades Invisibles: "Del carácter de los habitantes de Andria merecen recordarse dos cirtudes: la seguridad en sí mismos y la prudencia. Convencidos de que toda innovación en la ciudad influye en el diseño del cielo, antes de cada decisión calculan los riesgos y las ventajas para ellos y para el conjunto de la ciudad y de los mundos".

2 de abril de 2009

Farmacia Española



Incorporado al Patrimonio Arquitectónico de nuestra ciudad, celebra sus 80 años de habilitado el edificio de la farmacia Española, ubicado en la esquina de San Martín y Las Heras de Bahía Blanca. Fundada en 1896, la farmacia fue adquirida por Primitivo Ferrández en 1906, cuando todavía funcionaba en calle San Martín al 200. Ferrández hizo construir el nuevo edificio para establecerse allí el 11 de abril de 1929. El diseño pertenece al arquitecto Enrique Cabré Moré y, de acuerdo a publicaciones de la época, responde a un "Estilo Castellano". En 1929 se mencionaba que Cabré fue el encargado de "introducir en las construcciones de nuestra ciudad la reja española", por la cual muchas fachadas comenzaron a tener "un atributo colonial" que constituía "una nota pintoresca en el conjunto severo de los edificios que adornan nuestras calles".


El edificio de San Martín y Las Heras cumple 80 años (1929-2009).


La obra en el mes inaugural, abril de 1929

El edificio se organiza en planta baja y dos pisos, cada uno con sus características propias. El ingreso está definido por tres arcos de medio punto sustenidos por dos columnas torneadas, propias del barroco. El primer piso dispone de ventanales con dinteles rectos, flanqueados por pilastras y con la típica rejería española. El último piso tiene aires renacentistas, con sus dinteles curvos y un columnas con capiteles jónicos, adosadas a la pared. En este nivel se ubica un reloj de sol que aún sigue marcando, cuando los edificios vecinos lo permiten, la hora ajustada a aquella época. El remate original, ya perdido, estaba formado por un conjunto irregular de jarrones y ornamentos.


Reloj de sol

Una mención aparte merece el interior del negocio, que recreaba en su distribución original el aire de los patios de Sevilla, con su colorida cerámica, los murales religiosos e incluso una ya desaparecida fuente. En ocasión de su inauguración, el diario La Nueva Provincia mencionó la satisfacción de Primitivo ferrández, quien construyó el edificio de manera que le hiciera evocar "las visiones alegres de los frentes, los balcones y los patios de Sevilla".


El generoso y amplio espacio interior, 1929

La ciudad que ni recordamos

Si bien es habitual pensar que la demolición de viviendas en Bahía Blanca comenzó en la década del 80, la realidad indica que fue a partir...