sábado, 15 de noviembre de 2014

La ciudad que se borra


Casi 50 metros de un plumazo. Así de violento, así de simple. Un conjunto de cinco casas linderas están siendo demolidas por estas horas, a partir de Chiclana y Villarino, esquina donde por años funcionara una particular casa de antigüedades. Mientras esa primera propiedad todavía no da cuenta de su futuro, en el otro conjunto ya se anuncia se reconversión en un estacionamiento. No son bienes patrimoniales y hasta se puede considerar que, desde lo arquitectónico, son obras de menor cuantía. Pero han sido parte de la ciudad por casi un siglo, las primeras construcciones armando ciertas esquinas y poblando ciertas cuadras. Han contenido historias, familias, silencios y olvidos. Serán borradas a pesar de sus muros de gran espesor, de su herrería forjada para siempre, de sus vidrios sin esmerilar.


"Si Armilla es así por incompleta por haber sido demolida, si hay detrás un hechizo o sólo un capricho, lo ignoro. El hecho es que no tiene paredes, ni techos, ni pavimentos; no tiene nada que la haga parecer una ciudad, excepto las tuberías de agua que suben verticales donde deberían estar las casas y se ramifican donde deberían estar los pisos". De Las Ciudades Invisibles, Italo Calvino.





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